Brochas

Para devolver a las brochas o pinceles la flexibilidad perdida, calienta vinagre y ponlos a remojo en el vinagre caliente. Una vez estén suaves, lávalos con agua jabonosa y ponlos a secar, suspendidos del orificio que llevan en el mango.

 

Guarda las brochas a remojo en aguarrás. Para que no se deformen, haz un agujero en el mango, pasa por él un alambre y cuélgala del borde del recipiente.

 

Suaviza una brocha de pintura, dándole un hervor en una solución de 3 partes de trementina y 1 de aceite de linaza.

 

¿Qué hacer con el pincel o la brocha para que no se endurezcan sus cerdas cuando hemos de intererumpir el trabajo a la mitad?. Una forma de salir del paso es introducir la brocha en una bolsa de plástico y cerrarla del modo más hermético posible, o echando mano de un trozo de plástico de cocina adherente

 

Las brochas y los pinceles nuevos de cerdas naturales, deben ponerse a remojo durante 24 horas en aceite de linaza puro o diluido en aguarrás. Esto es indispensable si se quiere evitar que el pincel vaya dejando pelos cuando lo uses. El aceite de linaza, además, mejora la flexibilidad de la brocha y evita que se deforme. Suspéndela del recipiente, de forma que sus cerdas no descansen sobre el fondo, para que la brocha no adquiera una mala postura o se infle. Cuando trabajes con ella, no la sumerjas toda en la pintura, sólo un tercio de la longitud de sus cerdas debe mojarse. Y para escurrir la pintura sobrante, lo mejor es atravesar un alambre en la boca del pote.

 

Si te encuentras con las cerdas de la brocha endurecidas, lávalas bien y luego las envuelves herméticamente en papel de plata.

  Para que brochas, pinceles o rodillos no se endurezcan cuando se interrumpe un trabajo, se deben envolver, bien prietos, en papel de plástico de cocina, luego otro envoltorio de papel de plata y finalmente se almacenan en el congelador. Así se guardarán sin problemas de un día para otro y aún más.
Bronce Si resulta imposible llegar con el trapo y los dedos a los rincones de un objetode bronce, procede a una limpieza por inmersión. Empieza por hervir medio litro de agua y disuelve en ella unos cien gramos de sal gorda. Si no se disolviera completamente, puedes añadir un poco más de agua. Déjala enfriar. Vierte después una solución de ácido nítrico al 20% en el agua; nunca al revés porque podrían producirse salpicaduras. Deja en remojo tus objetos de bronce en esta solución por espacio de una hora a temperatura ambiente. Rescátalos con unas pinzas de acero, acláralos perfectamente y sécalos.
   
   
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