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Guión que Hitchcock hubiera rechazado sin pensarlo dos veces. Contradice
aquel principio conforme al cual cuanto menos visos de realidad tenga una
secuencia, más detallada debe ser su exposición. Y, como ejemplo, bastaría
analizar la secuencia, larguísima secuencia, del intento de asesinato de
Cary Grant por medio de una avioneta fumigadora en "Con la muerte en los
talones". Pretensión absurda donde las haya; hay cientos de formas más
sencillas, económicas, rápidas y efectivas de acabar con alguien. Y, no
obstante, ahí estamos todos, con el alma en vilo, pendientes del vuelo de
la avioneta, de las carreras del señor Roger O. Thornhill, de la parada
del autobús, de la llegada del viajero, etc., etc., etc.
Y
es lástima, porque, volviendo a "The game", la idea de la película tiene
su interés, aunque sea absurda. Y por ello sólo hubiera bastado con que el
director se hubiera contenido para explotar al modo hitchcockiano
cualquiera de los gags que acumula en ella. Y que conste que el pobre
Michael Douglas hace lo que puede... Para que luego digan.
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